martes, 19 de mayo de 2015

Ocho frases de 'El Príncipe', de Maquiavelo

Hace 500 años, Niccolò di Bernardo dei Machiavelli escribió en la cárcel El Príncipe, publicado 18 años después, en 1531 en Roma. Es un tratado de teoría política que describe la forma en que un gobernante se debe comportar ante sus súbditos. Un manual de cómo hacer uso del poder.
Nicolás Maquiavelo dedicó El Príncipe al hombre que lo recluyó, Lorenzo II de Médici, y que lo acusó de conspiración. Fue retomado, y comentado, en su momento por personalidades de la política y la cultura como Benito Mussolini, Napoleón Bonaparte, Voltaire, entre otros.
Para que te animes a leerlo, por ser un clásico de la literatura universal, te regalamos ocho frases del libro escrito en 1513:
1.- Un príncipe no debe tener otro objetivo, ni otra preocupación, ni debe considerar como suyo otro estudio que el de la guerra, su organización y su disciplina. Porque éste es un arte necesario exclusivamente para quien manda.
2.- El que no coloca los cimientos con anticipación podría colocarlos luego si tiene talento, aun con riesgo de disgustar al arquitecto y de hacer peligrar el edificio.
3.- Los hombres, en general, juzgan más con los ojos que con las manos. Todos pueden ver, pero pocos tocar. Todos ven lo que pareces ser, pero pocos saben lo que eres; y estos pocos no se atreven a oponerse a la opinión de la mayoría, que se escuda detrás de la majestad del Estado.
4.- Hay tres clases de intelecto: el primero discierne por sí; el segundo entiende lo que los otros disciernen, y el tercero no discierne ni entiende lo que los otros disciernen. El primero es excelente, el segundo bueno y el tercero inútil.
5.- No hay manera de evitar la adulación que hacer entender a los hombres que no existe ofensa al decir la verdad; y resulta que, cuando todos pueden decir la verdad, faltan al respeto. Por lo tanto, un príncipe prudente debe preferir una tercera vía: rodearse de los hombres de buen juicio.
6.- La mayoría de los hombres, mientras no se les prive de sus bienes y de su honor, viven felices; entonces, el príncipe es libre para combatir la ambición de las minorías.
7.- El príncipe, cuando es querido por el pueblo, debe cuidarse poco de las conspiraciones; pero cuando tiene enemigos y es aborrecido, debe cuidarse de todo y de todos.
8.- El odio se gana tanto con las buenas acciones como con las malas. Un príncipe, para conservar el poder, es a menudo obligado a ser perverso, porque cuando el grupo (ya sea pueblo, soldados o nobles) del que juzga necesario para mantenerse, está corrompido, es conveniente seguir su capricho para satisfacerlo, pues las buenas acciones serían tus enemigas.

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