viernes, 10 de abril de 2015

La diablada - estampa del altiplano latinoamericano



La diablada es una danza que se practica en la región del altiplano de Perú y Bolivia y que representa la eterna lucha entre el bien y el mal, exhibiendo los elementos de la religiosidad autóctona y cristiana.
Esta danza se aprecia fundamentalmente durante la Festividad de la Candelaria en Puno y algunos investigadores consideran que esta danza, tiene sus orígenes en el altiplano andino y que esta tradición es producto de un proceso histórica que trasciende fronteras.

Historia de la danza
En 1577, los jesuitas se establecieron en Juli (Puno) y durante días donde habían festividades, realizaban funciones teatrales a los que ya estaban acostumbrados los aymaras, quienes se presentaban en comedias y autos sacramentales.

La danza estuvo siempre vinculada con la fiesta de la Virgen de la Candelaria desde 1606. Ésta surge a raíz de una leyenda popular. En 1675, cerca a la mina Lakaikota, el español José Salcedo mandó a destruir las casas de los mineros, pero desistió porque vieron a la Virgen María luchando contra el diablillo de la mina. Por el fuego observado en la mina, nace el culto a la Virgen de la Candelaria.

La representación tuvo muchos cambios desde esas fechas, cambios como las máscaras que en su tiempo eran de yeso y para los cabellos eran utilizados los hilos de los costales de bayeta de la época; todo era tradicional y pequeño, se presentaba en fechas importantes de la Iglesia católica. El personaje incorporó características del diablo europeo, como un fauno con cola y tridente.

Cosmovisión andina
Para el hombre de los Andes, desde el comienzo existieron seres espirituales de naturaleza maligna, que no eran odiados sino respetados. Este es el caso de Supay, quien era un pequeño dios solitario y destructor, al que rendían cultos temerosos porque desde sus alforjas derramaba la inmensa variedad de males que conoce el mundo.

Cuando los españoles llegaron con su diablo, éste le preguntó a Supay: ''¿Quién eres?'' ''¿Supay... y tú quién eres?''. ''Yo soy Satanás''. Una vez vencidos los indios, Satanás invitó a Supay a irse con él para que le enseñara muchas cosas, pero Supay no quiso y prefirió quedarse con los indios, huyendo para esconderse en las quiebras de las montañas.

Supay sólo reaparece para ayudar a sus antiguas víctimas, a cuidar a las llamas, de las vacas, de los asnos cuando están en peligro. Supay es quien libra a los indios de las enfermedades, quien enjuaga sus lágrimas. Es quien ayuda a los mineros''.

Al identificarse la mina con la imagen de la Virgen del Socavón se produce un extraño sincretismo, surgiendo la danza de la diablada, mezcla de ángeles y demonios que coexisten en una continua lucha donde se hacen sutiles y difusas las líneas que diferencian el bien y el mal.
Vestimenta
El arcángel San Miguel utiliza un casco metálico, escudo y espada, coraza de metal, alas bordadas con los hilos de plata y oro, chaqueta de piel de ángel, faldellín blanco y botas blancas y pantalón blanco.
Los caporales utilizan careta de metal o yeso, donde sobresalen los dragones y la corona que la distingue de los demás diablos, peluca adicionada a una máscara de tela colocada bajo la máscara de metal. Capa bordada sobre la base de cartón con pedrería e hilos de oro y plata, capellón bordado, pechera bordada con hilos de oro y plata, palcas bordadas y sujetas a un cinturón de monedas, pantalón ancho bordado, camisa blanca, corbata, botas de color rojo y blanco, se adornan con pañolones y guantes.

Los diablos utilizan capa de tela bordada, careta y peluca, pechera, palcas, pantalón ajustado y botas. Se adornan con pañoletas que usan en la mano.

Las chinas diablas o supay, utilizan coronitas de pelas, capitas, blusas de encaje, faltas cortas y fustantes, botines y se adornan con pañoletas que usan en la mano.

Las diablesas utilizan capas, pecheras, máscaras con peluca, palcas, blusas de colores y faltas cortas fustantes y botines.

Los osos utilizan máscaras de metal combinadas con pellejo de oveja y pantalón de piel de oveja.

Coreografía 
La danza mantiene en pocos lugares, la secuencia de la representación de los siete pecados capitales. En Puno, la diablada del barrio Porteño y la diablada del barrio Bellavista, ostentan los galardones de ser los iniciadores de la nueva etapa de difusión de la diablada por los años 60.

En su coreografía, distingue en la parte inicia la lucha entre el bien y sometiendo a los diablos, quienes bajo el mando del arcángel, desarrollan una vistosa y alegre coreografía, con pasos espectaculares en el caso de los diablos, cimbreantes en el caso de las chinas y diablesas y marciales por parte de los caporales.

La danza se desarrolla con una riqueza en sus movimientos y desplazamientos plásticos, los danzantes realizan mudanzas independientes, que al ensamblarse expresan toda su majestuosidad, resaltando las aspas y cruces, figuras del sol, cruces de diablos y chinas, círculos y figuras como dragones y máscaras.

Al final y quitándose la máscara, se realiza el cacharparyo fin de fiesta, con pasos corridos y trotes que se bailan al compás de un huayno, culminando de esa forma la danza.

Reacciones:

0 comentarios:

Publicar un comentario