martes, 17 de marzo de 2015

La misión peruana del Padre Jota



  • El sacerdote Juan Fernández Salvador dirige desde hace 7 años la Misión de Hualmay 
  • Gestiona centros educativos, un centro de salud, un comedor social y talleres formativos 
  • Cuando todos se van, el que queda es el sacerdote; somos creíbles y lo demostramos 
  • "Y tú, ¿a quién le rezas? A Diosito -respondió el niño-; y ¿qué le pides? Le pido pancito". Pan, era lo que pedía el niño, no una videoconsola ni un smartphone. Quien lo cuenta se llama Juan Fernández Salvador, Padre Jota, como le llaman muchos, un sacerdote sevillano que hace siete años decidió irse a Hualmay (Perú) para dedicar su vida a los demás, y que cada mes de enero, cuando allí son las vacaciones de verano, vuelve a Sevilla. 
El próximo viernes 6 de febrero, se celebrará en el hotel NH Collection (21 horas) la VII Gala solidaria pro-Misión del Padre Jota, en la que actuarán Las Seventies, Consuelo, Marcos Soto, Rajeo y A mi aire, y que se completará con las exposiciones de esculturas de Nacho Fal y de textiles pintados a mano de Concha Barón.

Su principal objetivo se centra en esta edición en recaudar los fondos necesarios para equipar el nuevo centro de rehabilitación para niños y adultos con discapacidad, que depende de la parroquia de La Sagrada Familia en la que está centrada la Misión del sevillano.

«Creo que somos la primera generación de Perú que se ocupa de estos niños», comenta el Padre Jota, y creando este centro, con cabida para 50 niños, y apoyando a otros 25 con ayuda de la fundación Liliane Fonds. Son 1.400 metros cuadrados construidos que incluyen piscina terapéutica y las aulas destinadas a terapias física, psicológica, del lenguaje y ocupacional.

El sacerdote ha adquirido en La Luisiana una silla hidráulica que, con la ayuda de personal especializado, utilizarán las personas con parálisis cerebral para acceder a la piscina, gracias a donaciones de amigos y bienhechores.

Juan Fernández Salvador, trianero, trabajó como ingeniero agrónomo hasta que decidió dedicar su vida al sacerdocio. Fue ordenado en el año 2000 por monseñor Amigo. Pasó cinco años en Benacazón, dos más en Roma completando sus estudios y pidió irse a Perú, en donde había un sacerdote ya mayor que necesitaba la ayuda de alguien más joven para continuar su labor.

«Cuando llegué me encontré a gente muy acogedora y a un hombre estupendo que había construido cuatro o cinco colegios y tenía unos 1.500 alumnos, más de 100 docentes, comedores, centros de salud... Una labor magnífica que había que continuar», explica.

Trabaja en un lugar «con muchas carencias, calles de tierra, casi sin desagües, con tres o cuatro horas de agua al día, con gente muy pobre que vive al día, trabaja siete días a la semana y gana 15 euros, y que, si no trabajan, no comen. Padre Jota compró un solar de 100.000 metros cuadrados, donde ahora se alza un edificio en el que aprenden 500 niños.

Fuente: http://www.elmundo.es

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